Jorge Drexler, su poder sanador y una ruta para escucharlo

Un recorrido personal por la música de Jorge Drexler

Conocí a Jorge Drexler cuando tenía diecisiete años. Fue más una casualidad. Una de esas coincidencias que parecen pequeñas, pero después se quedan. “Me lo presentó” una amiga del colegio que salía con alguien que escuchaba a Joaquín Sabina. Y en medio de esas canciones, apareció Drexler.

Después de escucharlo guardé algunas de sus canciones, y de vez en cuando, su música reaparecía en mi vida gracias al modo aleatorio de mis playlists.

Con el tiempo, Drexler se ha vuelto una figura más constante en mi día a día. Desde hace un par de años decidí quitarle al azar el poder del reencuentro y buscarlo yo de forma consciente y seguida.

Jorge Drexler —o, con su nombre completo, Jorge Abner Drexler Prada— nació en Montevideo. Es hijo de un médico judío alemán que escapó del Holocausto y de una maestra uruguaya criada en el campo. Quizás por eso, su vida parece un diálogo permanente entre la razón y la raíz.

Se formó como otorrinolaringólogo, pero cambió el estetoscopio por una guitarra. En varias entrevistas ha mencionado que se cuestionó los diez años que dedicó a la medicina antes de empezar a vivir de la música (ya cerca de los treinta). Por eso, su reconocimiento llegó hacia los cuarenta, y hoy, a los sesenta, sigue explorando la música con la curiosidad de un aprendiz.

Para mí, su trayectoria es un recordatorio de las formas que puede tomar el tiempo —sus ires y venires— hasta llevarte a donde debes estar. También creo que es una manera de quitarle peso a esa idea de que todo debería estar resuelto ya. O quizás —pienso mientras me acerco a los treinta— una forma de reconciliarme con la presión que me genera ese número, que por algún motivo a veces parece tan definitivo.

Estos años escuchándolo, siento que Drexler canta para pensar cantando. Y en esa mezcla de ternura y lucidez, logra algo raro: que sus canciones sean, al mismo tiempo, refugio y espejo.

Por gusto, por cariño, por ganas de ordenar algo que no necesita ser ordenado, quise trazar la ruta que me ha llevado a encariñarme con su música. Un camino inventado. Un intento de conocerlo y, también, un ejercicio personal de re-conocerme.

Más que descubrir una forma distinta de escucharlo o revelar alguna joya oculta, este es un ejercicio desordenado con el que quise reencontrarme. Entender cómo una canción me fue llevando a otra, y a otra, hasta terminar aquí, escribiendo estas líneas.


El camino que me llevó hacia Jorge Drexler:

  1. Tres mil millones de latidos
  2. Habitación 316
  3. La trama y el desenlace
  4. Las transeúntes
  5. Deseo
  6. Corazón impar
  7. Quien quiera que seas
  8. Transoceánica
  9. Cinturón blanco
  10. Una canción me trajo hasta aquí
  11. Causa y efecto
  12. Inoportuna
  13. Todo se transforma
  14. El pianista del gueto de Varsovia
  15. La vida es más compleja de lo que parece
  16. Sanar
  17. Al otro lado del río

No es ni el 1 % de su discografía. Pero si las escuchas en este orden (o parecido), tal vez termines queriendo más.

Si quedaste con ganas de seguir

  1. Universos paralelos
  2. Guitarra y vos
  3. Soledad
  4. Derrumbe
  5. Bailar en la cueva
  6. La edad del cielo
  7. Me haces bien
  8. Eco
  9. Hermana duda

Si te interesa explorar algunas de sus colaboraciones:

  1. Lisboa – Madrid (con AnaVitória)
  2. Todo se complica (con PJ Sin Suela)
  3. Desastres fabulosos (con Conociendo Rusia)
  4. Siento por ciento (con Cardellino y Sebastián Jantos)

Finalmente para cerrar, recomiendo escuchar la hermosa Milonga del moro judío que muestra otro pedacito (de los miles que tiene) el maravilloso Jorge. En esta TED Talk cuenta parte de su historia —otra forma de escucharlo, más allá de la música—:

Además, hay muchas entrevistas maravillosas de Drexler. Si después de escucharlo te da curiosidad, aquí tienes dos para empezar:


Este ha sido un escrito raro. Aún lo siento sin pies ni cabeza. Y sin embargo, lo quiero presentar así. Desordenado y sin intenciones claras.

A modo de contexto —o quizás de explicación hacia mí misma—, este ejercicio nació en medio de unas semanas difíciles, llenas de desesperanza. Curiosamente, cuando me siento así, Drexler se vuelve más presente en mis días.

Creo que hay algo especial en disfrutar de un artista que vive en el mismo tiempo que uno. Escucharlo y descubrir que está pasando por sus propios procesos, sus propios cuestionamientos. De alguna forma, es una manera de combatir la soledad en sus expresiones más cotidianas.

Con el tiempo he entendido que abrir espacio a la música, la poesía o el arte es una forma de resistir. Un modo silencioso de seguir caminando en un mundo que, a veces parece haberse soltado de una rueda y no puede parar de girar.


Querido Drexler:
Sé que jamás te llegará esta dedicatoria, pero igual necesito decirlo:
así no coincidamos en el mismo espacio, qué maravilla al menos coincidir en tiempo.


Comentarios

Una respuesta a «Jorge Drexler, su poder sanador y una ruta para escucharlo»

  1. Avatar de scrumptiouslysquirrel18fe1503a8
    scrumptiouslysquirrel18fe1503a8

    Que lindo escribes , tienes un talento innato y la forma en que expresas tus pensamientos trascienden más allá de lo que las palabras pueden expresar .

    Felicitaciones ??????????

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