Haciendo el duelo frente a lo imposible

O: seis cosas que no puedo (y por eso suelto) antes del desayuno

Alicia en el País de las Maravillas hacía una lista de seis cosas imposibles antes del desayuno. Imposibles tan lejanos que la empujaban a actuar. A mí no me funciona igual. Llevo anotando una lista de imposibles que, en vez de motivarme, me dejan perdida y sin esperanza frente al futuro como humanidad. A Alicia la movilizaba creer imposibles; a mí me moviliza soltarlos. Al nombrar lo que no puedo abarcar, encuentro la acción que sí puedo sostener.

No es un secreto que atravesamos un momento difícil a escala global: Gaza, las políticas antimigratorias en Estados Unidos, la guerra entre Rusia y Ucrania, una crisis climática que ya no es “futura”, la polarización, la violencia que se multiplica, la voracidad de las redes por mostrarnos lo peor, los asesinatos de líderes sociales en Colombia, las masacres que regresan a los titulares… En fin, la lista no parece tener tope.

Y aunque nada de esto sea radicalmente “nuevo”, cada día me pesa de formas distintas. A veces, en medio del día, mi mente viaja a una escena de esa lista; recuerdo que ocurre ahora mismo, en algún lugar del mundo, y me arrastra la sensación de que nada alcanza y que es imposible llegar a un punto de estabilidad global. Siento que me faltan herramientas para sobrellevar el dolor de habitar un mundo con un futuro incierto. Me duele vivir al filo de algo que no alcanzo a nombrar. Me duele reconocer que nada parece suficiente.

Este escrito es para eso: para hacer duelo por lo imposible. No porque haya perdido la esperanza, sino porque, después de dejarme llevar por esa lista, entendí que al soltar lo que no puedo, abro espacio a lo que sí está a mi alcance.

En vez de creer seis cosas imposibles antes del desayuno, practico lo contrario: anoto seis imposibles que suelto para abrir espacio a una sola cosa posible. No es resignación; es trazar los bordes para reconocer lo que queda adentro.

1) Nombrar lo imposible
Lo imposible no es el mundo entero. Lo imposible es creer que podemos abarcarlo todo: cada conflicto, cada injusticia, cada incendio, literal o simbólico. Nombrarlo pone borde a la angustia. Me recuerda que hay cosas que no dependen de mí, por mucho que importen.

2) Del algoritmo al pulso
Es imposible leer a conciencia todo lo que pasa. La sobreexposición informa y también desborda. Elijo acotar: en vez de intentar saber un poco de todo, sigo una noticia al final del día. Profundizar en una cosa centra la atención y evita la marea de titulares que crea la ilusión de saber de todo.

3) Un radio de acción
Cuando todo duele, quisiera resolverlo todo. No puedo. Nadie puede. Mientras muchas vidas —humanas y no humanas— atraviesan su propio dolor, trazo un radio de acción concreto. Apoyo localmente las causas que me movilizan. No desactiva el dolor del todo, pero lo transforma en algo: evita la parálisis y devuelve agencia.

4) Cuerpo a tierra
Es imposible separar cabeza y cuerpo. Todo pasa por ahí. Cuando se me acelera la mente, vuelvo a la respiración. Retomar mis sentidos puede que no arregle el mundo pero al menos me devuelve al presente.

5) Comunidad como salvavidas
Es imposible hacerlo todo en soledad. Somos seres sociales. Está bien sostenerse en otros. Buscar y ofrecer espacios de apoyo no siempre “resuelve”, pero acompaña. Levantar la mano, pedir ayuda, hablar de angustias compartidas puede ser una forma de empezar a trabajar eso que nos está faltando como sociedad a menudo.

6) Una pequeña promesa
No puedo estar todo el tiempo haciendo algo «significativo». En vez de convertirlo en culpa, me hago una promesa al día, a escala humana. A veces es donar; otras, escuchar con atención. No busco hacer algo extraordinario: busco sostener lo que elijo.


Como señala Oliver Burkeman en Meditations for Mortals: “Elige tus batallas y no te sientas mal por hacerlo. Al abrazar tus limitaciones, podrás hacer más por las batallas que sí elijas y también sentirte mejor contigo que quien intenta preocuparse por todo. En una era de escasez de atención, el mayor acto de ciudadanía puede ser retirar tu atención de todo salvo de las batallas que has decidido luchar”.


Poner esto en práctica no elimina el dolor. A veces vuelvo a dejarme arrastrar por lo que vivimos y aparece la culpa por querer minimizar lo inminimizable. Hacer duelo por lo imposible no es renunciar: es aceptar el límite para orientar la fuerza. Reconocer que hay cosas que no voy a cambiar del todo me ayuda a mirar con más compasión y a recordar que las formas toman tiempo. Ese tiempo, a veces demasiado largo para lo humano, también está bien.

Antes del desayuno no prometo seis imposibles; prometo una posibilidad y la repito. No cura, pero orienta. Duele y aun así sostiene. Es pequeña y aun así cuenta. Con eso, la mayoría de días, me alcanza para abrazar mejor este mundo que quiero, que me duele, que temo y que, a veces, aborrezco.

Una respuesta a “Haciendo el duelo frente a lo imposible”

  1. Avatar de scrumptiouslysquirrel18fe1503a8
    scrumptiouslysquirrel18fe1503a8

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