Hay que empezar por algo

La escritura nos ha acompañado a los seres humanos desde hace siglos. Tal vez porque las palabras nos permiten dejar huellas, comprendernos, tender puentes y, de alguna forma, resistir el olvido. Pero no es solo eso: escribir también es un acto de valentía, poner algo propio frente a los demás con la esperanza (o el miedo) de que provoque algo.

Durante mucho tiempo ese poder me resultó demasiado grande, incluso riesgoso. Por eso elegí atenuarlo refugiándome en la intimidad: escribía, sí, pero lo guardaba casi en secreto.

Con los años entendí que vivir la escritura solo desde lo privado me estaba limitando. Al mantenerla tan íntima, muchas veces no recogía las ideas que me sorprendían en mitad de una conversación. Se escapaban, o quedaban apenas en una anotación suelta. Era como ver un hilo deshilacharse antes de poder tejerlo. Y en ese proceso surgieron preguntas que todavía me acompañan: ¿qué pasaría si abro un espacio más amplio para la escritura? ¿qué significa darme permiso para escribir con más libertad?

Hoy, explorar mi relación con la escritura me lleva a habitarla de maneras distintas. A ejercitar la atención. A reconocerme en lo que escribo y a permitirme que sea un proceso más fluido. Escribir se ha vuelto un modo de recoger lo que antes dejaba escapar —una idea, una sensación, un recuerdo— y, al darles espacio, las palabras me devuelven otra forma de mirar.

En ese sentido, escribir también significa abrirme a compartir: dejar que los textos circulen, tomen su rumbo y encuentren a otros. No porque sea indispensable hacerlo, sino porque al compartirlos cambian —y me cambian. ¿Por qué no darles esa oportunidad?

De ahí nace este espacio. Un lugar para seguir explorando, no solo mi relación con las palabras, sino también con aquello que nos sostiene y nos transforma: la relación con nosotros mismos, con lo que consumimos, con la forma en que trabajamos y sostenemos la vida, con otras personas, con los demás seres vivos y con el planeta.

Esos vínculos —visibles o invisibles— son hilos que a veces olvidamos, pero que marcan profundamente la manera en que habitamos el mundo. Mi intención aquí es volver a mirarlos y abrirles espacio. Por curiosidad, por gusto, por el deseo de que a alguien más también le importe.

Porque si algo me interesa son justamente notar esas relaciones: no para resolverlas ni para dar respuestas definitivas, sino para ser testigo de aquello que me mueve y abrir la posibilidad de una conversación. Quizás también para descubrir qué nuevas formas de relación podemos tejer al compartir palabras.

No fue una decisión de la noche a la mañana. Pero terminé por empujarme con una certeza sencilla: en últimas, hay que empezar por algo. Y este texto, con toda su incertidumbre, es mi manera de empezar.

Deja un comentario